El Padre Nuestro

La oración que Jesús nos enseñó

«La oración dominical es en verdad el resumen de todo el Evangelio»
— Catecismo de la Iglesia Católica, CIC 2761

El Padre Nuestro es la oración central de la vida cristiana. Fue enseñada directamente por Jesucristo a sus discípulos cuando le pidieron: «Señor, enséñanos a orar» (Lc 11,1).

La Iglesia, fiel a esta enseñanza, la ha conservado como modelo perfecto de oración.

«Padre nuestro, que estás en el cielo»

Fundamento bíblico

  • Mateo 6,9

  • Lucas 11,2

Catecismo

  • CIC 2777–2794

Llamar a Dios Padre expresa una relación filial, posible solo por Jesucristo y por el don del Espíritu Santo. Decir nuestro nos saca del individualismo y nos introduce en la comunión de la Iglesia: todos somos hermanos porque tenemos un solo Padre.
El “cielo” no indica un lugar físico, sino la trascendencia y santidad de Dios, que está cercano a quien lo invoca con fe.

«Santificado sea tu Nombre»

Fundamento bíblico

  • Ezequiel 36,23

  • Mateo 6,9

Catecismo

  • CIC 2807–2813

No pedimos que Dios sea santo —porque Él ya es santo— sino que su Nombre sea reconocido, amado y glorificado en nuestra vida y en el mundo. Esta petición compromete al católico a vivir de tal manera que Dios sea glorificado por sus obras.

«Venga a nosotros tu Reino»

Fundamento bíblico

  • Marcos 1,15

  • Lucas 17,20–21

Catecismo

  • CIC 2816–2821

El Reino de Dios es Cristo mismo actuando desde el principio de los tiempos, en su vida en esta vida y desde su resurrección hasta ahora. Pedimos que el Reino crezca en justicia, amor y paz, que transforme los corazones y que alcance su plenitud en la segunda venida de Cristo.

«Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo»

Fundamento bíblico

  • Mateo 26,39

  • Salmo 40,9

Catecismo

  • CIC 2822–2827

Esta petición es un acto de confianza obediente. Poenemos todo en sus manos pidiendo la gracia, el valor  de cumplir la voluntad de Dios, como Cristo lo hizo, aun cuando implique sacrificio. Es el camino auténtico de la libertad cristiana.

«Danos hoy nuestro pan de cada día»

Fundamento bíblico

  • Mateo 6,11

  • Juan 6,35

Catecismo

  • CIC 2828–2837

Pedimos lo necesario para la vida (lo necesario para poder alimentarnos, vetirnos, etc.), reconociendo nuestra dependencia diaria, la necesidad que tenemos de Dios. Pero también imploramos el Pan de Vida, la Eucaristía, alimento espiritual indispensable para el católico.

«Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden»

Fundamento bíblico

  • Mateo 18,21–35

  • Mateo 6,14–15

Catecismo

  • CIC 2838–2845

Esta es la petición más exigente: no podemos recibir el perdón de Dios si nos negamos a perdonar. El perdón no es solo un sentimiento, sino una decisión que sana el corazón y restaura la comunión.

«No nos dejes caer en la tentación»

Fundamento bíblico

  • Mateo 26,41

  • Santiago 1,13

  • Juan 17,15

Catecismo

  • CIC 2846–2854

No pedimos quedarnos sin pruebas, sino no sucumbir a ellas. Esta petición reconoce la fragilidad humana y la existencia del Maligno. Es una oración de vigilancia, humildad y perseverancia.


Aquí se expresa la esperanza final: Dios no abandona al que confía en Él.

«Y líbranos del mal»

Fundamento bíblico

  • Juan 17,15

  • 1 Pedro 5,8

Catecismo

  • CIC 2850–2854

El “mal” es tanto el pecado como el Maligno. Esta petición es un clamor confiado: Dios ya ha vencido al mal por la cruz y resurrección de Cristo, y esperamos la liberación definitiva al final de los tiempos.